Querido chaval:
Siempre me produjo curiosidad y admiración la capacidad para salir adelante frente a los problemas que tenéis que soportar. Unas veces tiene que ayudar a la economía familiar trabajando con tus trece o catorce años en la economía sumergida, otras cuidando a vuestros hermanos pequeños con destreza, o vendiendo pañuelos en los semáforos, o rebuscando en los contenedores hasta altas horas de la noche, o adueñándote de algún objeto en un descuido de los mayores.
Muchas veces se ha hablado de prostitución infantil pero ¿no abusa también del cuerpo de un chaval que hace un “pinche” en un bar durante dieciséis horas diarias? Y esta situación las vivís muchos de vosotros que, sin otra cualidad o cualificación más que el ansia de salir de la miseria, soportáis la explotación de un abismal desequilibrio social, mal llamado progreso.
Algunos piensan que tenéis “muy mala leche” y que sois retorcidos porque no han observado vuestra realidad cotidiana y no han ahondado en ella, tratándoos como un objeto peligroso.
No sé si realmente la Carta de los Derechos del Niño que el ayuntamiento pretende hacer cumplir os incluirá a vosotros entre los más vulnerables. De cualquier modo, y a pesar de las etiquetas que os cuelgan con premeditación y alevosía – inadaptados, delincuentes, marginados-, sé que la culpa no es vuestra sino de la sociedad que os ha fabricado: padres, maestros. Políticos, policías, gentes de buen vivir...
Tal vez llegará el día en que la moral de la gente se despierte y tenga en cuenta a los vendedores de pañuelitos, a los esforzados adolescentes, a los buscadores de papel usado...a todos estos niños de la economía sumergida que no han nacido con un pan debajo del brazo y que la voracidad de esta sociedad trata de engullir.
Siempre me produjo curiosidad y admiración la capacidad para salir adelante frente a los problemas que tenéis que soportar. Unas veces tiene que ayudar a la economía familiar trabajando con tus trece o catorce años en la economía sumergida, otras cuidando a vuestros hermanos pequeños con destreza, o vendiendo pañuelos en los semáforos, o rebuscando en los contenedores hasta altas horas de la noche, o adueñándote de algún objeto en un descuido de los mayores.
Muchas veces se ha hablado de prostitución infantil pero ¿no abusa también del cuerpo de un chaval que hace un “pinche” en un bar durante dieciséis horas diarias? Y esta situación las vivís muchos de vosotros que, sin otra cualidad o cualificación más que el ansia de salir de la miseria, soportáis la explotación de un abismal desequilibrio social, mal llamado progreso.
Algunos piensan que tenéis “muy mala leche” y que sois retorcidos porque no han observado vuestra realidad cotidiana y no han ahondado en ella, tratándoos como un objeto peligroso.
No sé si realmente la Carta de los Derechos del Niño que el ayuntamiento pretende hacer cumplir os incluirá a vosotros entre los más vulnerables. De cualquier modo, y a pesar de las etiquetas que os cuelgan con premeditación y alevosía – inadaptados, delincuentes, marginados-, sé que la culpa no es vuestra sino de la sociedad que os ha fabricado: padres, maestros. Políticos, policías, gentes de buen vivir...
Tal vez llegará el día en que la moral de la gente se despierte y tenga en cuenta a los vendedores de pañuelitos, a los esforzados adolescentes, a los buscadores de papel usado...a todos estos niños de la economía sumergida que no han nacido con un pan debajo del brazo y que la voracidad de esta sociedad trata de engullir.
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http://educadoresdecalle.blogspot.com/
